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«La batalla de nuestros tiempos es la disputa por la memoria», entrevista a Bonaventura Soh Bejeng Ndikung

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Conversamos con Bonaventure, quien actualmente se desempeña como director del centro cultural HKW (Haus der Kulturen der Welt) en Berlín. Hablamos sobre archivos y sobre su propuesta del archivo apoptótico. (Apoptotic Archive).

Bonaventure Soh Bejeng Ndikung es un curador de origen camerunés, que vive desde 1997 en Berlín. Comenzó su trayectoria académica en el campo de la biofísica y la biotecnología, mientras simultáneamente incursionó en las artes. Fundó y dirigió  SAVVY Contemporary – The Laboratory of Form-Ideas, uno de los centros culturales más interesantes de la escena berlinesa. Actualmente es el director de HKW de Berlin (Haus der Kulturen der Welt, en español la Casa de las Culturas del Mundo), otra institución cultural relevante en Alemania. Además, es profesor de la Escuela de Arte Weißensee y autor de diversos libros y artículos académicos.  

Quisimos conversar con Bonaventure porque se ha dedicado a pensar los archivos. Nos inspiró esta ponencia que realizó el 2019 en Amsterdam sobre el archivo apoptótico (apoptotic archive):

Y en otro seminario lo escuchamos enunciar una frase que como colectivo nos quedó resonando y que incluso plasmamos en una postal: “La batalla de nuestros tiempos, es la disputa por la memoria”.

Con este trasfondo, nos propusimos entablar un diálogo con él y pudimos entrevistarlo en noviembre de 2023 en su oficina en HKW-Berlin.

Katha-Arde (K): ¿Nos podrías explicar el concepto archivo apoptótico?

Bonaventure (B): Todavía estoy tratando de articular este concepto. No está completamente desarrollado. En mi ponencia, intenté encontrar un lenguaje para expresar esta idea. La apoptosis es un fenómeno que ocurre en las células, también en las células humanas. Se podría describir como un “suicidio celular”, una muerte de las células, pero una muerte que permite la vida. Por ejemplo, cuando un embrión se está desarrollando en el vientre materno, inicialmente la mano es solo un puño cerrado. Para que los dedos se separen y se forme la mano, las células entre los dedos mueren. Es un proceso evolutivo. Aunque puede parecer contradictorio, ya que asociamos la muerte con el fin de la vida, en este caso la muerte celular implica la vida. Empecé a usar esta analogía para pensar los archivos del futuro, especialmente porque muchos de nosotros no estamos representados en ellos. Los archivos también son organismos y no pueden crecer o expandirse sin límite. En algún momento, es necesario crear espacio para otros. En este sentido, parte del organismo debe morir para permitir la vida. La idea del archivo apoptótico surge de mi interés por la noción del canon y la descanonización como metodología, de intentar hacer que el archivo y el canon sean más porosos, más permeables. Pensar en los procesos osmóticos en los archivos implica analizar lo que entra al archivo y lo que sale. Los archivos tienden a volverse muy estáticos, muy muertos porque hay interés en que cierto grupo de gente esté dentro de los archivos y nada más, mientras otros quedan fuera para siempre. De ahí viene esta idea y a eso se refiere el archivo apoptótico

K: ¿Y qué es lo que debería salir de los archivos? ¿quién debería decidirlo?

B: No lo sé, no sé quién debería decidir qué es lo que entra y lo que sale. Pero si observamos la historia, al menos en los últimos 500 años, vemos un tipo de humano que ha ocupado violentamente el espacio de otros y ha impuesto un conocimiento muy limitado sobre el mundo, desarrollando una noción de universalismo. En el campo de la epistémica, Boaventura de Sousa Santos lo ha conceptualizado como un epistemicidio, es decir, un tipo de conocimiento promovido por un grupo de personas y que se impone como el conocimiento primario por sobre otras comunidades que poseen sus propios saberes. Esta imposición se da a pesar de que los conocimientos están inherentemente situados en diferentes espacios, como los espacios geográficos, el cuerpo, el espacio cultural, el género, entre otros. Uno podría decir que la porosidad significa la posibilidad de recuperar esos otros conocimientos que fueron borrados. Necesitamos practicar y encontrar formas de restaurar, de reparar. Debemos otorgar espacio a eso que fue violentamente suprimido y que permaneció fuera de los archivos, para permitir que estos saberes vuelvan a encontrar su lugar. Este sería el proceso de desborrar. Esto también está vinculado al proceso de desaprender, que implica abrir espacio para sistemas de conocimiento diferentes al deshacernos de algunos que están arraigados en nosotros. Por ejemplo, es evidente que Cristóbal Colón no «descubrió» América. Aunque se nos enseñó eso en la escuela, y espero que ni tu hija ni mis hijos tengan que aprenderlo, ya que América no era Terra Incognita. Necesitamos despojarnos de ese tipo de conocimientos para dar paso a otros. Necesitamos que entre la idea de que había pueblos indígenas en América antes de la llegada de los europeos y que tenían tecnologías sofisticadas. Que ingrese el saber de que en el actual territorio chileno había comunidades que cultivaban la tierra, que construían estructuras, que diseñaban materiales para esas estructuras, que se encargaban de sus enfermos, que tenían formas sofisticadas con las que las mujeres daban a luz, entre otras tecnologías. La pregunta clave del archivo apoptótico es cómo concederle el espacio que merecen a esos conocimientos que han sido borrados. 

K: Es interesante porque en el campo de los archivos siempre está presente la idea de que hay que preservarlo todo y para siempre. Pero en realidad es una ilusión. 

B: Es un fetichismo de la supremacía blanca esta idea de “debes preservarlo por siempre”. Por ejemplo, tomemos el museo etnográfico como institución y así podremos ampliar la noción de archivo a este tipo de espacio. Si examinamos los argumentos que se han dado en los últimos años sobre por qué estos museos continúan preservando objetos y sujetos que fueron saqueados de África, América y Asia para ser traídos a Europa, vemos que una justificación para no devolverlos es: “oh, estas personas no sabrán cuidarlos o preservarlos”. Así es como justifican mantener todas esas cosas en sus vitrinas de cristal. Se trata de la imposibilidad de la muerte, del fetiche de la eternidad y de la creencia de que algo debe vivir para siempre. Sin embargo, esto no es importante para muchas culturas que no creen en lo permanente ni que se debe mantener la misma forma por siempre. Si creas una máscara o una estatua que simboliza algo y se convierte en un ser que tiene subjetividad, eso significa que tiene una vida útil y es la comunidad creadora quien define esa vida útil. Lo que intento decir es que incluso si la devuelves y se destruye, está bien porque tenía una vida útil que se descontextualiza en el museo; no estaba hecha para perdurar. Por lo tanto, la conceptualización europea del archivo tiende a hacernos creer que, primero, todo debe ser archivado; segundo, que todo lo que está dentro del archivo debe permanecer allí por siempre; y tercero, que solo hay espacio limitado ahí. Son tres ideas con las que debemos estar en desacuerdo y desafiar. 

K: ¿Y cómo ves que este concepto puede ser usado como una estrategia por comunidades históricamente marginadas? 

B: No quiero prescribir nada a nadie, no es mi estilo. Debo pensarlo y creo que son otras personas las que deben proponer cómo aplicarlo a sus comunidades específicas; no hay una sola manera. Mi responsabilidad como pensador, académico y alguien que trabaja en la conceptualización es proponer y presentar el concepto; otros deben bajarlo a la práctica. 

Sin embargo, me parece lógico que para aquellos que han sido históricamente violentados, desprivilegiados, deshumanizados, borrados y excluidos de los archivos, sea importante pensar en cómo hacerse espacio para ellos mismos en los archivos existentes y, por otro lado, en cómo crear nuevos archivos. El archivo apoptótico no es solo una lucha por encontrar espacio en los archivos europeos, sino también una lucha por crear nuevos archivos. Y una lucha por alejarse de la naturaleza quieta o estática de los archivos. No sé si conoces un texto de Achille Mbembe llamado “The power of the archive and its limits” (El poder del archivo y sus límites). Es un texto muy interesante en el que habla muy elocuentemente sobre esto. Recomiendo sobre todo un capítulo que se llama “El archivo como talismán”.

K: ¿Por qué te has interesado en los archivos? ¿Por qué es importante pensar en los archivos? En tu trabajo siempre aparece el archivo de alguna manera. 

B: Porque los archivos representan una forma de poder. Y yo estoy interesado en cómo el poder se crea, se cultiva y se preserva para algunos. Una de las estrategias usadas por los colonizadores fue mantener a las personas fuera del archivo. Si no estás archivado o tu conocimiento no es parte del archivo, quiere decir que siempre partirás de cero. Creerás que eres la primera persona que hizo algo, pensarás que estás inventando la rueda, pero la rueda existe desde hace cientos de años. Si la siguiente generación nos encuentra a ti o a mí en los archivos, pueden continuar desde donde lo dejamos y eso es mucho poder. Si tienen que empezar de cero, tienen que construir todo lo que nosotros ya hicimos. Por eso me interesa el archivo y la creación de nuevos archivos. Quiero entender su poder y sus límites como dice Mbembe. Por eso me interesa desmantelar y reconstruir archivos ancestrales. 

K: Hace algún tiempo, en una clase en la Universidad de las Artes de Berlín (UdK) con Jörg Heiser, mencionaste una frase que realmente me gusta: «la batalla de nuestros tiempos es la disputa sobre la memoria». ¿Podrías profundizar en esta idea? ¿Por qué es una disputa?

B: Es similar a lo que decía sobre mi interés en los archivos, en cuanto a ¿quien posee tu memoria? ¿posees tu propia memoria? Es de nuevo una pregunta sobre el poder. El mayor poder es imponer sobre alguien una memoria que no le pertenece. ¿Y es una memoria institucional o vulgar? Por memoria institucional me refiero a la historia que aprendemos en la escuela, volvemos al ejemplo de Vasco de Gama que descubrió esto y Cristóbal Colón aquello. Hay un hermoso e interesante poema de James Baldwin que se llama “Los enredos de la imaginación” en el que dice que realmente no fue Colón quién descubrió América, sino América la que descubrió a Colón. Porque Colón no era nadie y desde ese territorio se convirtió en alguien y no al revés. Bueno, a lo que voy es a que colonizar la memoria es colonizar el imaginario. Por eso en las clases de historia en Camerún, Kenia, Chile y en Martinica, todavía nos enseñan que Colón descubrió América.  

Por otro lado, lo que llamo memoria vulgar, no lo digo en un sentido negativo, sino me refiero a vulgar como memoria popular o popularizar la memoria y abordar las diversas narrativas que emergen ahí. Es lo que Édouard Glissant dice sobre no dejar la historia exclusivamente en manos de los historiadores, porque uno tiene que mirar la historia y la memoria del pueblo. La disputa por la memoria es la batalla por la imaginación. Un comediante afroamericano, cuyo nombre no recuerdo ahora, dijo una vez que el peor lugar para un africano para existir es en la mente de un hombre blanco, porque es allí donde existen las limitaciones, donde aparecen las conceptualizaciones del otro, la otredad. Uno tiene que estar a cargo de su propia memoria para ser capaz de mapear o proyectar la propia imaginación, la posibilidad de crear imágenes y la posibilidad de conceptualizar el futuro.

K: Es muy interesante, pienso en el texto de Arjun Appadurai («Archivo y Aspiración») sobre la relación entre los archivos y la imaginación, entre los archivos y el futuro, pero en la teoría clásica de los archivos esa relación no existe, es como si los archivos solo trataran sobre el pasado.

B: Totalmente.

K: Y para terminar ¿cómo podemos crear vínculos entre África y Latinoamérica sin pasar por Europa como centro? ¿cómo podemos crear redes de pensamiento y creación que nos permitan reimaginar nuestra existencia?

B: Hermoso. Bueno, estamos mediados por el proyecto colonial, por eso Europa siempre está en medio. Pero estuve en Bahía hace unas semanas y por muchas razones, se sentía como estar en Ghana o en Camerún, no solo por la gente sino también por el paisaje. Si miras el mapa de América vas a ver el continente africano, vas a ver las grietas de África. Lo que necesitamos hacer es, en mi opinión, porque hay mucha gente que habla del Atlántico y es importante, pero en mi opinión hay que unir esas grietas metafóricamente pero también en la realidad. Tenemos muchas historias comunes que no podemos reducir solo al proyecto esclavista. Hay un libro de Ivan Van Sertima que fue un académico muy importante de Guyana, que se llama «They came before Columbus» («Ellos vinieron antes de Colón»), que habla de la presencia de personas africanas en América antes de la llegada de Colón.

Creo que es importante crear líneas de solidaridad entre ambos continentes. Hay un lugar en Brasil que se llama Itaparica donde si le preguntas a cualquier brasilero, afrobrasilero en especifico, te van a decir que es donde está Egungun. Egungun viene de Benín, ahí vemos una conexión. El orikí, una forma de poesía Yorùbá que viene de Nigeria y de Benín, también la encuentras en Itaparica, en Cachoeira y así. Entonces los vínculos están ahí. Pero si nos limitamos a la sociopolítca tóxica de nuestra era, que perpetúa practicas esclavistas, el capitalismo neoliberal y el sistema patriarcal, no seremos capaces de ver esos vínculos. Debemos situarnos desde la espiritualidad, desde la solidaridad. Precisamente ayer, Mateus Aleluia ofreció un concierto en HKW, recordándonos que esa conexión ya existe, ya palpita.